Una siesta de hora y media aumenta la capacidad de
aprendizaje
(NC&T) Los resultados de este nuevo estudio
respaldan la validez de datos previos obtenidos por el mismo equipo de
investigación, que comprobó cómo las fiestas que duran toda la noche en
residencias de estudiantes universitarios disminuyen en ellos la habilidad para
memorizar nueva información en cerca de un 40 por ciento, debido a que durante
la privación del sueño se apagan regiones del cerebro.
En un estudio reciente del psicólogo Matthew
Walker de la citada universidad y su equipo, 39 adultos jóvenes sanos fueron
repartidos en dos grupos: los que tomaban siestas y los que no. Al mediodía,
todos los participantes fueron sometidos a una prueba de aprendizaje rigurosa
destinada a hacer trabajar al hipocampo, una región del cerebro que ayuda a
almacenar recuerdos basados en hechos. Ambos grupos tuvieron una eficacia
similar.
A las 14:00 h. el grupo que tomaba siestas echó una de 90 minutos, mientras que los sujetos del otro grupo permanecieron despiertos. A las 18:00 h. de ese día, los participantes fueron sometidos a una nueva ronda de ejercicios de aprendizaje. Los que habían permanecido despiertos durante todo el día tuvieron una eficiencia peor. En cambio, aquellos que habían echado una siesta se desenvolvieron marcadamente mejor y de hecho su capacidad de aprendizaje mejoró.
Walker y su equipo han llegado por tanto a la conclusión de que una siesta despeja el cerebro para así permitirle absorber nueva información. Este hallazgo refuerza la hipótesis de que dormir resulta necesario para, entre otras muchas cosas, aligerar la memoria a corto plazo del cerebro y dejar así espacio vacío disponible para almacenar nuevas informaciones.
A las 14:00 h. el grupo que tomaba siestas echó una de 90 minutos, mientras que los sujetos del otro grupo permanecieron despiertos. A las 18:00 h. de ese día, los participantes fueron sometidos a una nueva ronda de ejercicios de aprendizaje. Los que habían permanecido despiertos durante todo el día tuvieron una eficiencia peor. En cambio, aquellos que habían echado una siesta se desenvolvieron marcadamente mejor y de hecho su capacidad de aprendizaje mejoró.
Walker y su equipo han llegado por tanto a la conclusión de que una siesta despeja el cerebro para así permitirle absorber nueva información. Este hallazgo refuerza la hipótesis de que dormir resulta necesario para, entre otras muchas cosas, aligerar la memoria a corto plazo del cerebro y dejar así espacio vacío disponible para almacenar nuevas informaciones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario